viernes, 23 de abril de 2010

Syrinx.

Este se lee con esta música de fondo: Syrinx. de Debussy.
http://www.youtube.com/watch?v=rbRC3scRYeE&feature=related

Desierto. Noche limpia. Azul profundo. Dunas altas, haciéndose y deshaciéndose levemente. Un Syrinx en la inmensidad solitaria.

Syrinx salta veloz y ágil. Mira a lo alto. Cúpula celestial de azul y salpicada por vías lácteas, mundo inabarcable. Luego mira hacia abajo. Diminutos, minúsculos mundos de granos de arena.
Montañas enteras de rocas devenidas granos de arena lo largo del tiempo. Tiempo que pasó lento, casi eterno. Aunque rápido para los habitantes de los pequeños superpuestos mundos. Hombres, animales, arena.

Mundo extraño. Hecho de tiempo y de no tiempo: instante.

Syrinx observa las palmas de sus manos. Blancas y suaves de un lado, cubiertas de espeso vello oscuro como la noche del otro. En sus ojos, las pupilas brillantes reflejan todo aquello que Syrinx observa, como un espejo curvo y mágico. Es aún otro nuevo mundo. El mundo detrás de los ojos de Syrinx.

Ojos límpidos y nuevos.

Un sonido agudo y dulce, de viento resuena en el aire. Como si brotara de cada átomo de oxígeno circundante. Syrinx observa el aire, inquieto y curioso. Espera paciente. Los ojos grandes y concentrados, la luna reflejada en ellos.

Un hermoso ejemplar de Syrinx hembra viene subiendo una duna frente a él. Toca una esbelta flauta de plata. El sonido maravilla a Syrinx que la observa extasiado, moviéndose rítmicamente con la música solitaria. Ella sonríe detrás de la flauta, y baila leve mientras sopla por los agujerillos.

Uno frente al otro, danzan. No saben de danzas, sólo siguen al alma.

La melodía acaba y ella lo observa a él. El se adentra en los ojos de ella. Su mirada cambia, y un leve temblor de inseguridad hace titilar las estrellas.

Ella se acerca aún sonriente, y toca la nariz de él con un dedo. Syrinx se sobresalta, y casi tropieza hacia atrás. Ella ríe. El se sonríe contagiado.

Se observan, él fuertemente atraído acerca su rostro al de ella, la mirada algo seria y soñadora, reconcentrada.

Ella vuelve a sonreir, da media vuelta y se aleja saltando y corriendo. Casi pareciera volar.

Pasmado, se tarda en seguirla. Para cuando baja la duna por donde ella vino, no hay nadie.

Los ojos turbios de Syrinx se fijan en la inmensa nada (tiemblan tristes conforme recibe los sentimientos de decepción de su alma). El mundo gigante se le hace horriblemente solitario e inerte ahora. Syrinx patea un guijarro, mirando al horizonte. Y luego de patearlo, cae en la cuenta de que no sabe qué es aquello que pateó. Mira hacia abajo. Lo recoje. Observa sus colores . Lo huele. Es una cajita roja con estrellas pintadas en sus caras.

Pareciera no tener tapa.

Syrinx lo acerca a su pequeño rostro fantástico y lo huele nuevamenete, luego lo agita. Dentro pareciera tener algo tan liviano y suave como para no hacer casi ruido conta las paredes de la caja, ni volverla pesada. Sin embargo, a través de las yemas de sus dedos, Syrinx puede intuir que lo que se encuentra en la caja supera en magnitud a todo lo que lo rodea. Es como si exudara energía fuertemente magnética.

¿Qué sería?

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2 comentarios:

Ricardo Fort dijo...

Pa mí que era un suspiro.

Eso, o un pin de boca juniors.

flor dijo...

jajajajajajaj!!!!

Todo puede ser