domingo, 10 de octubre de 2010

Libertad

Uno a uno, observo los granos de arena del tiempo. Los hago reflejarse al sol, diminutos entre las yemas de mis dedos. Brillan, sin ser cristales. Son instantes. Un grano de arena: algunos millones de células de mi cuerpo se han generado, otros tantos millones han sido destruidas; algunas parejas alrededor del mundo han peleado, otras han descubierto traición, se han creado amistades de hierro, algunos han viajado en busca de algo, sin saber qué. O ha nacido amor.

El mundo gira inmutable, y yo observo mis granos de arena, mis granos de tiempo.
El tiempo corre lento cuando se está cerca de lo primordial, como cuando niño y en silencio. Tan lento, que de repente, atisbo la idea del infinito; la siento en carne. Maravillada por la sensación fugaz pero real, observo los hilos multicolor de polvo que flotan a la luz del sol.

Qué sentido tiene?

Y a modo de respuesta siento ese indefinible anhelo de libertad.
No se definir qué es ese anhelo, pero se que hay cosas que uno sabe sin saber cómo ni de dónde. Hay conocimiento que no se obtiene mediante la razón. Y hay conocimiento, que no se obtiene de la experiencia. Como cuando se sueña con algo que jamás se vio.

No se el sentido de la vida. Pero todo en mi pide libertad. Una especie de poder, casi abstracto que intuyo cómo se siente, y trato de encerrar en la palabra escasamente expresiva de "libertad".

Todo mi trabajo a fuerza de voluntad, ha sido siempre en esa dirección, y acabo de ser conciente de eso.

Mis preguntas, mis esfuerzos por buscar respuestas incesantemente, por entender, todo aquello que hice para deshacerme de la conciencia del ridículo, para deshacerme de mi timidez, para deshacerme de mi dificultad para decir que no si no deseaba una determinada situación, el evitar preocuparme por trivialidades, o comentarios, o por la ropa, o cualquier cosa material, mi búsqueda del amor, mi pasión por cantar y dibujar horas y horas y leer con avidez y viajar, por conocer gente, el hacer deporte, todo, todo, absolutamente todo en mi está motivado por esa sola cosa.
Por romper con moldes, con limitaciones, con prejuicios, con ignorancia, por hacer que ninguna cosa se interponga entre la libertad y yo.

Ni inseguridades, ni ninguna clase de miedo, ni vueltas, ni dudas. A todo o nada, hacia adelante,apretando los dientes a pesar y debido al temor, a conquistar mi libertad. Al desconocido, con fe de que aquello existe.

Y eso me empujó y empuja a buscar el quilibrio, la moderación, el dominio de mis sentimientos y de mi mente, y de mi cuerpo. No con una actitud represora ni tampoco con una actitud hedonista.
Sino con conciencia, con infinita dulzura, con sensatez y compasión por todos y por mi misma, con fe en que existe ese algo que presiento y no he conocido y de que es posible alcanzarlo.
Trabajo con paciencia para conseguir templanza. Y esta templanza, para no fundirme bajo la potencia de esa libertad a la que aspiro.

Es increible, pero toda pregunta surge de una realidad preexistente en uno.
La libertad no es una cuestión filosófica, es una realidad concretra si bien no tangible.

Y esto es posible ver muy bien en cualquier persona, en su actitud frente a la vida, su moverse, la luz o la falta de luz en sus ojos.

Con esta extraña urgencia de libertad, como un felino siempre a punto de tragarnos, porque la libertad pide espacio, los seres humanos venimos al mundo.
Nostalgia de algo que presentimos y desconocemos y lo peor de todo, tememos.

Ese anhelo ineludible de libertad lo traemos dentro, algunos son más concientes que otros.


Y así, en medio de la cotidianeidad, cumpliendo horarios y papelerio interminable, unos se sienten cómodos y otro no tanto. Y se sienten cómodos quienes temen más fuerte de lo que anhelan, y prefieren estarse quietos, anclados en lo conocido y en rutinas repletas de pequeños detalles.

Y sufren en mayor o menor medida otros. Porque frente al formidable grito interior del hombre, encuentran el sinsentido de los problemas cotidianos, banales e inodoros y ridiculos por contraposición.


Entre rústicos y sensibles, llorando a los gritos pero fuertes e inteligentes e ignorantes y llenos de este anhelo, venimos al mundo.
Con algo perdido en una mano, apretado con fuerza su recuerdo entre los dedos.
Los ojos cubiertos por innumerables paños, por lo que uno no recuerda donde ni como era aquello otro. El corazón palpitando transfigurado, temeroso y haciendo fuerza para parir valentía del mismo miedo. Y la otra mano, vacía: una posibilidad de encontrar algo.

Mi mano arde por encontrar.

http://www.youtube.com/watch?v=OUSFSEIZrx4&feature=related

1 comentario:

Nico Sala dijo...

Como andas Flor?

volvi! aca andamos buscando trabajo en la eterna disyuntiva de si quedarme o irme.

Te paso mi e-mail y telefono: sala.nicolas@gmail.com. 156953-3072

Beso!